Jesús le reclamaba a los fariseos en un pasaje de San Lucas: "¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?". Esta comunidad judía vivía una mentira, pues aparentaban ser religiosos y rectos mientras que por la espalda planeaban el complot para acabar con el Mesías. Jesús quería una congruencia entre lo que vivían y aquello que aspiraban ser. Decían algo y hacían lo contrario, todo era una apariencia, una disonancia pragmática.
Ya estamos en Diciembre y el preludio del Guadalupe-Reyes está conformado por la Feria Internacional del Libro (FIL). Es un clásico de fin de año que logra reunir a una gran cantidad de personas. Los datos son contundentes.
El año pasado se registraron 767 mil visitantes de los cuales el 95% confesó llevarse al menos un libro (El Informador). Sin embargo, la Encuesta Nacional de Lectura del 2012 nos muestra que el promedio de lectura del mexicano es de 2.94 libros al año. El estudio arroja otros datos interesantes: la cantidad de dinero destinado en el hogar a los libros (ocho mil millones) es peculiarmente similar a lo que se invierte en refrigeradores, estufas y lavadoras (línea blanca). Se compran pero no se usan; eso es la FIL, esto es México. Porque tristemente si no son revistas o menús, los mexicanos no leemos nada. Como un buen fariseo compramos los libros pero no los leemos, aparentamos una realidad que es diferente a la que tenemos.
No me causa conflicto la gente que no lee y lo confiesa. La problemática recae en aquel que es hipócrita, el que finge una moral. La ida a la FIL ya no es más que un evento social que de manera colateral produce la compra de un libro. Los ejemplares frustrados de las ediciones anteriores ven cómo un nuevo y entusiasta compañero llega al librero para nunca ser abierto.
Asistí ayer. Salman Rushdie, autor de Los Versos Satánicos y condenado a muerte a través de un fatwa por la comunidad musulmana lloraría al ver lo laxa que fue la seguridad al entrar. La parafernalia de la FIL ya es equiparable a una ida al Estadio Jalisco: playeras, recuerdos, puestos de comida, etc... Y singularmente si tuviera que pensar en una cosa que no se pueda hacer en el santuario de la lectura....es leer.
La foto de arriba fue tomada en la tienda de la editorial Penguin. George Martin se codea con Yordi Rosado, Werevertumorro a un lado de Vargas Llosa y colocado por encima de José Saramago. Inconcebible, grosero, atroz. A pesar de esto, la demagogia de la lectura no es culpa de las empresas de libros, sino de nosotros los lectores. No es con el afán de ser purista, pero como diría un amigo ..."¡al chile se maman!".
Si el año pasado era Yuya eclipsando la llegada de Katzenbach, ahora está la distracción de un niño booktuber de trece años hablando sobre otra lamentable novela de John Green. Es el 14 de Febrero para nosotros los lectores; el tiempo designado para simular una conducta y jactarse de lo que no somos. Los fariseos llegan a la Expo Guadalajara y el ministerio de los libros que morirán vírgenes abre sus puertas. En vez de asistir a este evento social nos deberíamos de preguntar por qué cada diciembre nos da por decir que somos lectores.
México lindo y querido ¿por qué si no leemos nos prestamos a darle posada al evento más importante de lectura en América?
A mí me deja perplejo.
Que México organice la FIL es como si Inglaterra organizara el Super Bowl.
Referencias:
Informador.com.mx, (2015). Llegan a FIL más asistentes :: El Informador. [online] Available at: http://www.informador.com.mx/fil/2014/564024/6/llegan-a-fil-mas-asistentes.htm [Accessed 7 Dec. 2015].
SinEmbargo MX, (2014). Los mexicanos leen en promedio 2.94 libros por año y dedican tres horas semanales a la lectura, dice el INEGI. [online] Available at: http://www.sinembargo.mx/21-04-2014/969410 [Accessed 7 Dec. 2015].

Acabada la fiesta viene el balance, de gastos y de beneficios; y en el caso de la FIL el saldo siempre es "positivo", por lo menos en la versión oficial. Y quién es el valiente que se atreve a cuestionarlo. Regularmente nadie.
ResponderEliminarEn estas tierras de vocación eminentemente comercial, donde todos compramos o vendemos algo, en lugar de reunión por antonomasia es el centro comercial; y cuando, cada año, tenemos oportunidad de demostrar que no sólo sabemos apreciar los bienes materiales, sino también los bienes del espíritu, no queremos que alguien venga a denostar nuestro afán lector. Ese que nos hace ver como una sociedad más culta.
Por todo esto y más, aprecio la valentía de este "balance", que aplica tanto a la FIL como a otras fiestas culturales eclécticas donde, efectivamente, se entremezclan nuestro cargo de conciencia como tapatíos-centrocomercialistas-incultos con esa semana "ramadán" que nos permite ayunar de materialismo consumista.
Y todo esto, precisamente antes de que volvamos a volcarnos a las tiendas a la búsqueda del mejor regalo para el ser querido.
Bien André por esa mirada sorprendida, pero no nublada, que permite ver lo que la parafernalia de la FIL presenta como la fiesta de la cultura.
Sólo que me permito disentir en algunas cosas. 1) Algunas personas, no sé cuántas, pero supongo que no son pocas, van a FIL con afanes auténticos por ser más leyendo más; 2) El contrasentido de ser el anfitrión de la mayor feria lectora, sin ser el país lector que debiéramos, es también un acicate anual para aspirar a ser lo que aparentamos ser; y 3) El absurdo optimismo, pero optimismo al fin, de creer que los que van atraídos por el glamour de la fiesta, además del ruido, se puedan llevar a casa un par de libros que no necesariamente están condenados a empolvarse en sus libreros.
Coincido en los puntos que expresa. No dudo que prestarnos a organizar la FIL también sea producto de la entelequia (muy probablemente utópica) a la que queremos llegar. Efectivamente, falta aclarar que el análisis es una generalización total, ya que como usted dice, obviamente debe de haber personas que sí aprovechan la FIL. Saludos y gracias por el comentario.
EliminarMuy buena André
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