martes, 3 de octubre de 2017

01-O: Lo que dejó el Referéndum catalán

Es difícil entender todas las implicaciones políticas y sociales que suscita el movimiento secesionista catalán. Este domingo se llevaron a cabo en Catalunya las votaciones al referéndum del primero de octubre (1-O), las cuales arrojaron como resultado un 90% a favor de la independencia de esta comunidad autónoma. Pero para deconstruir este fenómeno hace falta un análisis más profundo. El movimiento independista de Catalunya no es exclusivo a los hechos recientes, sino que va más allá y se sitúa en el corazón de la historia contemporánea de España.


Después de 40 años bajo la dictadura franquista, España vivió la época de la Transición a la democracia. Con el gobierno de Adolfo Suárez se descentralizó el Estado con la Constitución de 1978. Dicha pieza legislativa promulgó la firma de los Pactos autonómicos, los cuales confirieron mayor independencia y autogobierno a estas regiones. Este cambio ilustra a grandes rasgos la actual estructura geopolítica del país.


Entonces, ¿Es legítima la búsqueda de independencia de Catalunya? Aquí es donde entran en juego varios elementos y perspectivas. Uno de los argumentos clave se apoya al rubro económico, ya que Catalunya representa el 19% del PIB de España, es decir, que una sola comunidad autónoma aporta casi un quinto del capital del país. Los catalanes, en general, pagan más impuestos y reciben menos en retorno. En sus ojos, ese es el estrago del sistema capitalista que siempre ha funcionado bajo un principio de solidaridad en el que los más vulnerables reciben más ayuda. El que más tiene, más sacrifica.


El domingo, miles de catalanes salieron a votar a las urnas para manifestar una voz en su futuro. A pesar de la ilegalidad del referéndum y su dudosa legitimidad en cuanto a un organismo electoral que regule la votación, por las calles de Barcelona, Tarragona y Girona se hizo eco a un sentir de un pueblo que en el núcleo no se siente español. La Policía Nacional reprimió con violencia la manifestación catalana en una demostración de fuerza que evocó los más oscuros episodios del franquismo.


La prensa internacional ha encuadrado la noticia en margen de la represión. Sin embargo, es curioso que los rotativos locales como El País -que promueve una agenda social de izquierda- se decantan por desarticular el movimiento de secesión. El gran error, tanto de los periódicos españoles como los internacionales, es la poca culpabilidad que se le otorga al gobierno de Madrid en no haber tratado esta bomba de tiempo con mayor ahínco durante los últimos años.


Mariano Rajoy actuó de forma desmedida para intentar de enterrar las esperanzas catalanas. En su soberbia, poco entendió que al conseguirse un enemigo creó el héroe perfecto: al antagonizar el movimiento independista convirtió a todos los catalanes que salieron a votar en mártires. De la noche a la mañana, les otorgó un sentimiento de legitimidad que fue empujado por la solidaridad de la prensa internacional. Claro está que los catalanes no dudarán en arroparse bajo ese manto de víctima que les regaló Rajoy este primero de octubre.

A Catalunya le seduce la idea de una salida de España aun, cuando de concretarse, el rumbo sería incierto. El camino a la independencia no parece estar cerca  y su curso de acción permanece entre las sombras, en especial porque no existe un acuerdo entre el Gobierno Español y la Generalitat de Catalunya. Nadie se divorcia solo, es una cuestión de dos.


En ojos de un mexicano, el nacionalismo de los españoles representa uno de los conceptos más extravagantes del mundo. Imagínense ser tapatío antes que mexicano, o michoacano antes que paisano. Así es para el español, el cual a la hora de presentarse, usualmente se refiera a sí mismo como granadino o gallego antes que como español. En Catalunya se percibe un chovinismo a la lengua de casa, a una educación hermética, a la cultura particular y a la bandera regional. Pero la voluntad de un pueblo es un sentimiento imposible de suprimir y, si los catalanes se sienten de esta manera, pues que el corazón obtenga lo que el corazón desea siempre y cuando sea a través del diálogo.


Parece que en algunas comunidades, especialmente la catalana y el País Vasco, la corona unifica cada vez menos. Si esos sentimientos regionalistas se llegaran a exacerbar en otras comunidades, España amenazaría con convertirse en la Yugoslavia del siglo XXI. Catalunya se iría de España, por lo que los demás se tendrían que despedir forzosamente de Serrat, Ruiz Zafón, Gasol y Piqué, mientras que los catalanes quedarían aislados de Europa. ¿Quién perdería más?.


Un periodo hegemónico en la historia de España comenzó con la unión de dos reinos en el matrimonio de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla. Los Reyes Católicos engendraron un legado que yace en la España de hoy. Ahora el país peligra en perder a uno de sus pilares fundamentales. Cuando se ve la independencia catalana a través del microscopio, uno se percata de los patrones que se repiten desde el génesis español. Aragoneses y castellanos se unieron por matrimonio, una decisión de libre elección. Justo así sucede hoy con las particularidades que propicia la exaltación de la comunidad autónoma por encima de España. Al igual que hace 550 años, ellos y aquellos no se ven reflejados el uno al otro, no porque no hayan pactado compartir un estilo de vida, sino porque fueron unidos por voluntad, lo cual los hizo ciudadanos de una misma nación, sin embargo, para muchos, esto nunca terminó por hacerlos hermanos.

(Crédito: El Peregrino)


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Hermenéutica de la Naturaleza

Los hombres se procrean de una forma tan fácil porque con la misma facilidad mueren. ¿No era el hombre un dios? ¿El ser que había conquistado absolutamente los confines más obscuros de las ciencias y que con audacia manejaba o suprimía todos los sucesos naturales? Estos son sentimientos e imágenes que pululan mi mente tras el terremoto. Descubro que todavía vivimos subyugados a la naturaleza.

Históricamente no hemos podido esquivar su guillotina determinista. Un gran diluvio arrasó alguna vez con la humanidad. El violento Mar Rojo se abrió para dejar vivir a unos y se cerró para perpetuar la muerte de otros. La destrucción latente del universo es terriblemente fascinante. Los que descubrieron las ciencias se industrializaron y se volvieron potencias. En las guerras el conocimiento del entorno propició juguetes como el tanque T32, las armas químicas o la gestación del Proyecto Manhattan. Todo el progreso atado al entendimiento de la construcción del universo. Hefesto, Thor y Poseidón no empuñaban lanzas ni espadas para la guerra, ellos traían fuego, trueno, marea y terremotos.

A veces pensamos (incluido) ingenuamente que la esfera política es la que rige el mundo. Pero sucesos como los de anoche comprueban que todas las actividades humanas se someten al sentir de la madre naturaleza, la que como madre, da las lecciones más duras. Como por ejemplo ese frío que tanto odiamos y al que le debemos tanto. No una, sino dos veces que el invierno ruso pudo más que las dos fuerzas militares más grandes de la historia. La victoria de la naturaleza sobre las armadas napoleónicas y del tercer reich concretaron la preservación de la civilización occidental como la conocemos hoy.

Cruel y sabia, que crea viudas, que se lleva a niños, que destruye patrimonios, pero que a fin de cuentas teje la unidad social cuando el siniestro ataca. La naturaleza dio ayer la lección que ningún ser ha podido en México.

Siglo por siglo se fueron conquistando los derechos. Primero los inalienables (vida, propiedad), luego los políticos (sufragio) y ahora los sociales (garantías individuales). ¿Y los de la naturaleza? Esos parecen seguir siendo derechos reservados, el Behemot imposible de controlar. El dueño del océano es la luna, de la fauna el sol, de la prosperidad la lluvia. Nosotros permaneceremos eternamente como siervos de la física y las matemáticas, intentando llegarle al cosmos que - como sus astros- ya nos dio mil vueltas. De aquí se subscribe una nueva teoría panteísta: toda la creación, sin el hombre, es la suma de todas las cosas.

La tierra se estremeció y el Ángel se tambaleó, coqueteó con la caída. Pero los ángeles no caen del cielo. Porque bajo la custodia perpetua de nuestro Ángel, México permanece fuerte, y todavía más importante, se une en un mismo sentir.


lunes, 28 de agosto de 2017

La izquierda abandonó a Venezuela

La triste situación venezolana se ha convertido en una guerra subsidiaria de prensas y grupos políticos. Se dice que la derecha ha alimentado el mito de una dictadura bolivariana, que los países con gobiernos de este corte están obsesionados con denostar el régimen de Maduro para así condenar a la izquierda de forma colateral. Claro está que para los gobiernos conservadores de México y el mundo, la dictadura chavista representa un arma política-discursiva. ¿Y la izquierda qué hace? Poco se habla de la prensa liberal y su búsqueda de legitimar la dictadura, no condenarla y limitarla como un fenómeno exagerado por la contraparte. Mientras que sus plumas siguen defendiéndola, sus políticos le han dado la espalda a Maduro. La clase política que antes vociferaba simpatías con Venezuela ahora calla.

Hace no mucho tiempo los elogios de la izquierda eran abundantes.  La secretaria general de Morena, Yeidckol Polevnsky, afirmaba que Venezuela "es un ejemplo para nuestra vida". Fernando Zárate, antiguo perredista y ahora diputado por el Partido Verde Ecologista, concebía en el 2013 al chavismo "como una extensión del estado de bienestar y de la democracia social".

Héctor Díaz Polanco, Presidente de la Comisión de Honor y Justicia de Morena, pedía hace unos meses que México se integrara de lleno a la revolución bolivariana. El académico fue galardonado en el 2016 con el Premio Libertador del Pensamiento Crítico por el gobierno venezolano, además de presentar su último libro en la embajada de dicho país. John Ackerman, uno de los asesores más prominentes de AMLO, defendía que las elecciones  venezolanas fueron "legítimas".

A un año de las elecciones presidenciales, el romance se cortó de tajo. El mismísimo Héctor Díaz Polanco desmintió que su partido aprueba del régimen de Maduro, inclusive a tal grado, que se lavó las manos de un tuit por parte de la cancillería de Venezuela hacía Morena en donde agradecían "su solidaridad y apoyo irrestricto a la Revolución Bolivariana". Ante la inquisición de los cibernautas, Díaz se escudó diciendo que "no sean ridículos, en Morena se escuchan y debaten todas las ideas y posiciones políticas". 

Andrés Manuel López Obrador también se ha distanciado de la izquierda sudamericana. No hace falta  ir más allá que de su spot de radio "...nos han tachado de populistas, nos han comparado con Maduro" para entender que ubicarlo en el mismo campo axiológico y político que el mandatario venezolano no le es de su agrado. 

El abandono se extiende globalmente. El líder del Partido Laborista del Reino Unido, Jeremy Corbyn, felicitaba a Maduro en el 2014. Ahora, se declina en hacer comentarios sobre el conflicto. En España, Pablo Iglesias, secretario general de Podemos, envidiaba hace tiempo a los españoles que vivían en Venezuela; ahora arguye que el fenómeno es "un recurso para tapar la corrupción y vergüenzas del Partido Popular". Mélenchon tuiteaba en el 2013 en pro del régimen ("venezuela bolivarien est une source d´inspiration pour nous, nous saluons la victoire de Maduro"), hoy en día cuando se le increpa, según su vocero, "no sabe si quiere hacer declaraciones".

¿Cuál es la razón de semejante cambio de parecer? Para la izquierda global, el madurismo se ha tornado en un estructura imposible de defender, en la cruz que carga el socialismo. La mayoría todavía simpatiza con sus principios políticos, sin embargo, en la práctica éstos han quedado rebasados, y en la opinión pública, han suscitado la condena. Como figura de izquierda, el apoyo a la situación  venezolana es un suicidio político y social. No es un no queremos, sino un no podemos. Al mostrarse como simpatizante público, el agente político puede ver mermado sus propios intereses y los de su partido. 

Solamente pocos caudillos siguen defendiendo a los estragos de la revolución chavista, como Maradona, el mítico futbolista y analfabeta político. Aún más sorprendente es encontrar un sector académico dispuesto a vindicar al socialismo venezolano. Luis Hernández Navarro, coordinador de opinión de La Jornada, cae en un abuso de la razón y sofismos arcaicos cuando considera que "en Venezuela no hay limitaciones a la libertad de asociación, reunión y protesta [...] lo que hay en Venezuela es una democracia mucho más profunda de lo que admiten sus críticos".

Es verdad que nosotros no estamos allí, y que la voz que más debe ser escuchada es la de los ciudadanos que todavía residen en el país. Pero a falta de proposiciones empíricas- cuyas trabas de traslado y comunicación son propias del sistema- lo que nos queda son los medios y las redes sociales. Con todo, lo que también es una verdad, son las indisputables muertes, los desaparecidos, las elecciones amañadas y el sufrimiento de una población que pasó de ser una potencia económica a un 82% de pobreza. Son 40 países los que no aceptaron el fraude de Maduro, cuyo régimen se basa en la tortura, el destierro del capital privado y el  control absoluto del estado. 

Son las ironías de la izquierda: la búsqueda de la legitimación de un dictador. La prensa liberal y los líderes socialistas son los encargados de este rubro, pero poco a poco lo hacen en menor medida. ¿Por qué? Porque se está convirtiendo en una postura indefendible. Así es de utilitarista este negocio. No porque no crean en sus principios o configuraciones políticas, sino porque no les conviene. Ahora lo único que queda es denostar al bando conservador y acusarlo de utilizar Venezuela como un arma política. 

¿Se habla sobre Venezuela cuando antes no se hablaba? Claro, porque la situación ha tocado fondo y  la naturaleza política de las cosas también lo amerita. En los sistemas de gobierno, toda coyuntura es un arma, y por ahora, no faltarán aquellos que usen a Venezuela de esta forma: la izquierda como objeto de martirio y la derecha en forma acusatoria. 


Sin embargo, no existe la democracia sin denuncias y rendición de cuentas. Siempre será más triste el silencio que una acusación legítima.  Aún cuando en ciertos casos haya  intereses de por medio, la derecha no está obsesionada con Venezuela. Es lo que habla Vargas Llosa hace unos días, que el madurismo es para los seducidos por la utopía socialista, para los neo-marxistas que apoyan una teoría fallida y que ahora callan estratégicamente. 


La izquierda abandonó a Maduro. Muchos socialistas prefieren ya quedarse como Pablo Iglesias comiendo en el restaurant Lalina mientras un venezolano le increpaba sobre la miseria de su familia al otro lado del Atlántico. Quizás allí algunos comprendieron que la dictadura de Maduro no es una pantalla política, sino una deplorable realidad que ha cobrado la vida y familias de miles.  Así como Iglesias se ha quedado la izquierda que abandonó a Venezuela: callada, estoica y cómplice. 





viernes, 23 de junio de 2017

Ficha técnica del populismo


Es una era de populismos, un término que parece estar en la boca de todos. Un calificativo cliché que se usa permisivamente para cualquier político que rompe con el status quo. El populismo- que es un recurso político y no una ideología-, se ha convertido en el epíteto peyorativo hacia el discurso del que busca la gratitud de la clases populares.

Ewald Engelen señala audazmente que la política moderna ha desplazado la lucha izquierda vs derecha por globalistas vs nacionalistas. Ahora la pugna es del pluralismo, fronteras libres y derechos sociales contra el hermetismo, el conservadurismo y la repatriación de los bienes. Bien afirma el académico holandés que el populismo no es un concepto nuevo, y que ahora con el paso del tiempo, ha reencarnado su fama.  

Con este término se le designa a Trump, Maduro, Le Pen y a López Obrador. Es tan polivalente que se pueden encontrar recursos populistas tanto en el fascismo de los 40s como en el stalinismo, el neoperonismo (kirchnerismo) y el gobierno de Kim Jong Un. Dos conclusiones se extienden de lo anterior: (1) el populismo no tiene una afiliación exclusiva en el espectro político y (2) su connotación siempre tiene un estigma negativo.

El líder populista es bien recibido por ciertas masas. Tiene carisma y es querido y venerado por sus seguidores. El jefe populista en muchas veces no se considera un político, pues se deslinda de esta estirpe al considerarse un ser que pertenece al pueblo, el cual  trasciende el sistema ético y los intereses propios de un personaje político. El populista alimenta a un público crédulo con una retórica de unidad, propuestas demagógicas y manipulación de las acciones de la contraparte para crear una narrativa de "ellos contra nosotros". No en vano el discurso siempre hace alusión a la restauración como el famoso Make America Great Again, o inclusive, nos remite a las propuestas bolivarianas de Morales, Correa y Chávez. 

El populismo ha probado también que es una mano ganadora, no por nada se utiliza. Los populistas hablan sin bozal y abandonan la rectitud del diálogo político. Son sinvergüenzas, oportunistas, líderes acobijados con justificaciones ilimitadas; oportunistas que se adhieren a cualquier coyuntura. 

La doxa periodística le ha puesto una gran cruz al concepto, pero no hay duda en las riquezas que porta su cauce para sus contratistas. Son los salvadores panteístas que intuyen las aflicciones de su pueblo: uno de casa, uno de ellos... Ahora el que quiera ir a la tienda a comprar un líder para el ejecutivo se dará cuenta que los políticos de fábrica están en escasa demanda. 

Imagínense a los habitantes de Sajonía- a sus príncipes y a su proletariado- cuando escucharon el destino que Lutero selló con los martillazos de las 95 Tesis en la Schlosskirche de Wittenberg. Esa legitimidad y lujuria es lo que el populismo representa al padrón electoral. Vino un líder con la revelación de una relación directa, con promesas, con la recuperación del paraíso perdido. Un nuevo credo de gran movilización sin intermediarios y sin la mano negra de las instituciones. Un dogma que sólo se basa en la certeza de lo que se espera, en la convicción de lo que no se ve. Una confianza incondicional, una fe inquebrantable que triunfó, y que para muchos en su tiempo (e inclusive actualmente), es falaz, espuria, ilegítima...

(Crédito de imagen: mushonastick)





martes, 30 de mayo de 2017

Gracias, Chivas

Matías Almeyda nació empapado de los colores rojo y blanco del River Plate. No es coincidencia que se haya identificado tan cómodamente con la playera del Guadalajara. Tomó a River en el peor momento de su historia: descendido, humillado, en decadencia y lo levantó de vuelta a su grandeza. El hombre que conoce su historia, está condenado a repetirla, cosa que hizo con Chivas. Ingresó al Guadalajara en un ambiente turbulento de descenso y le hizo recuperar su memoria como un club ganador.

Chivas es campeón de Liga y Copa. Once años habían sido demasiados. Con vista a la inexorable aparición de detractores que algo quede muy claro, al Guadalajara nadie le regaló nada. Ni el penal no sancionado, ni su acceso a la final vía empates pueden eclipsar una realidad: Chivas fue el mejor equipo del torneo, el que desplegó el mejor fútbol, el que ganó sus clásicos, el que apareció y concretó en los momentos importantes. En liguilla vino de menos a más y no tuvo un camino fácil. Venció al rival local, al equipo del centenario y a los súper Tigres, el gran equipo plagado de estrellas que entraba como amplio favorito.

Es una escuadra que se recordará con júbilo. Pizarro, de apellido y naturaleza conquistadora, se convirtió junto con Pulido en el goleador de Chivas. Alan guardó los grandes goles para la final. El ´9´del rebaño se inmortalizó con su tanto en el encuentro de vuelta. Un toque delicado- de naturaleza complicada y sencilla ejecución- equiparable a esas postales de los últimos títulos rojiblancos: Nápoles a Larios, Bofo a Cristante, Pulido a Guzmán.

Alanís, excelso en la central junto con Pereira. Rodolfo Cota se convirtió en un héroe silencioso entre los tres palos. Orbelín- quien nos recuerda que el mediocampista box-to-box todavía existe- conformó una gran dupla con Vázquez y Michael Pérez (cuando fue llamado). Arriba, la ausencia de Brizuela fue solapada con Calderón que tuvo un gran cierre de torneo.Quién hubiera pensado que de las compras al León, el Gallo y Aris serían los que marcarían un legado con Chivas en lugar del experimento fallido del Gullit Peña. 

Chapo Sánchez y Carlos Fierro, yo los he reventado toda la vida y arguyo que sus condiciones futbolísticas no son óptimas para este club, sin embargo el domingo me probaron equivocado. Les he pedido UNA buena actuación en toda la vida, maldita sea, y en la final, el momento cumbre e idóneo para manifestarse, lo hicieron.

Chivas es el equipo del pueblo donde el franelero y el ejecutivo son uno bajo la fraternidad de una bandera, no por nada a sus simpatizantes se les llama chivahermanos. Es precisamente eso lo que hace del triunfo del rebaño un fenómeno con tanto impacto social en el país.  

Ningún otro equipo en México logra urdir tantas redes de afición y celebraciones como Chivas. Es un escuadra panamericana que en McAllen, la Ciudad de México, Tampico, San Luis, e inclusive Bogotá, celebran simultáneamente a un país, un equipo, un rebaño y un pastor. Cada ciudad es una arteria que bombea sangre y oxigena a la hegemonía más añeja de nuestro balompié. Chivas trasciende las fronteras citadinas de Guadalajara e ilumina a la nación en sus más recónditos confines. Para los siguientes días, alguien cambie el verde de nuestra bandera nacional por el azul...

Pero aún sobre todo esto, la conclusión suprema de la final fue que en la cancha presenciamos la victoria del futbolista mexicano. Un triunfo 11 contra 11 con la permisividad de las reglas de la Liga MX para con los extranjeros no es poca cosa. Está claro, el mejor fútbol del torneo lo hicieron los once mexicanos de la casaca rojiblanca, y eso, es una hazaña que por última vez se vivió en el 2006. 

Tequila, mariachi, las Chivas....no: ganó el Guadalajara, ciudad que ya es con todos sus atributos, metonimia de la cultura mexicana. Carlos Salcido, quien no estuvo en Toluca porque ya jugaba en Holanda, ahora cierra un gloriosa carrera. El trofeo en sus brazos, y como aureola sobre su cabeza, se postró ante la multitud en el Estadio Chivas. 

Doce estrellas en su escudo. Doce, un número digno para el rebaño...sagrado. El rey ha vuelto, el gigante ha despertado y no lo digo yo, lo dice nuestro pastor, nuestro arquitecto, Matías Alemyda, el director técnico más magnánimo en la historia del Guadalajara: "¡Campeonísimo hay uno sólo!".





viernes, 26 de mayo de 2017

Capote Construye, Wolfe Deconstruye: Un ensayo sobre la observación directa en El Nuevo Periodismo y A Sangre Fría

Todas las cumbres históricas de la literatura corresponden a una fluctuación sabia y puntual de las demandas del hombre. Los estilos van y vienen de un modo muy utilitario: cuando ya no sirven, se desechan.La palabra escrita siempre ha funcionado como un camaleón que se adapta a las circunstancias del entorno cambiante. El Nuevo Periodismo, hecho famoso por Truman Capote y teorizado por Tom Wolfe, no es una excepción.

La narrativa periodística era opaca durante un tiempo en que la novela batallaba por mantenerse vigente. Aquí entraron los dos bomberos americanos que juntos ejecutaron una revolución secreta. De los confines de las oficinas de redacción más ordinarias, un grupo de periodistas comenzó a abrazar la técnica decadente del novelista y la transformó en una propia e innovadora técnica para contar los hechos en los diarios. Las críticas imperaron en un principio, no obstante, el Nuevo Periodismo salió avante y fue eventualmente bautizado como una corriente insurgente.

La presente argumentación busca unir y contrastar las técnicas de Capote y Wolfe en función de la observación directa que desempeñaban en sus obras A Sangre Fría y El Nuevo Periodismo.

La observación directa resulta difícil de explicar sin caer en la redundancia. Corresponde a cómo un escritor recolecta información mediante el rapport presencial y directo con el dueño de ella, es decir, a través de la palabra o los sentidos. Si bien, este principio establece una relación directa o implícita con el actante, hay muchos modelos disponibles para abordar la observación.

Uno de los primeros indicadores que deja entrever la forma de observar es el tipo de narrador, puesto que la diégesis que se escoge alerta al lector sobre cómo se debe de percibir la historia. Truman Capote utiliza en su libro un narrador en tercera persona omnisciente, una voz que lo sabe todo y que cuenta cronológicamente los sucesos ocurridos a la familia Clutter.

“El señor Clutter dio a Babe el corazón de su manzana y saludó al hombre que estaba limpiando el corral... Alfred Stoecklein, el único empleado que vivía en la finca. Los Stoecklein y sus tres hijos vivían en una casita que estaba a menos de cien metros de la casa principal; aparte de ellos, los Clutter no tenían vecinos a menos de un kilómetro de distancia” (Capote, 1966).

Por su parte, Tom Wolfe tiene una perspectiva más abierta y lúdica para escogerlo:

“Me gustó la idea de arrancar un artículo haciendo que el lector, a través del narrador, hablase con los personajes, se insolentase con ellos, les insultase, les hostigase con ironía o superioridad, o lo que fuera. ¿Por qué pretender que el lector se quede tumbado y deje que los personajes vayan llegando de uno en uno? […] A veces me metía yo en el artículo y jugaba conmigo mismo. Podía convertirme en «el hombre del Borsalino marrón», un enorme y algo policial sombrero italiano que usaba entonces, o «el hombre de la corbata Big Lunch». Escribía sobre mí en tercera persona, por lo general como si fuera un espectador perplejo o alguien que pasa por la calle, lo que era con frecuencia el caso”(Wolfe, 1976).

Es un contraste bastante amplio de dos narrativas dentro del mismo género. Hay matices comunes como el estilo literario, la descripción escena por escena y la certeza de que cualquier persona, sin importar su clase social puede ser el actante principal de una historia.

Ahora bien, es digno de observar el contraste que tienen ambos autores. Wolfe se mimetiza en cualquier persona, como un narrador protagonista, sin embargo, no duda en cambiar de narrador cuando el momento lo amerita. Capote también se logra fundir con sus actantes, sin embargo, él se relaciona con actantes secundarios (ciudadanos de Holcomb) para reconstruir las vidas y personalidad de la familia Clutter. Capote mantiene una posición estoica durante toda la novela en un plano ulterior y fijo pero rico en información por la observación directa que recopila de los habitantes.

La elección del tipo de narrador es un buen indicador de las observaciones directas, sin embargo, hay otro rubro que se debe evaluar, el cual es la propia metodología o forma en la que el autor observa a sus actantes.

Una anotación adicional sobre Capote es esa capacidad de evocar voces externas que surgen por la cercanía a tantas personas que conocieron a la familia asesinada.“Con respecto a su familia, Clutter sólo tenía un motivo de preocupación; la salud de su mujer. Era «nerviosa», tenía sus «rachas»; ésos eran los términos en que la describían quienes la querían” (Capote, 1966). Aquí Truman traslada las observaciones de los ciudadanos sobre aquellos que son sus actantes principales. A través de la voz de los habitantes, Capote logra un ejercicio intralingüístico en el que construye un universo más complejo y rico para el lector. Capote observa a los que observaron, a su vez, Wolfe observa directamente a los protagonistas.

A continuación, utilizaré como recurso a otros dos prolíficos narradores para poder establecer una dicotomía precisa sobre los estilos de observación. A través del análisis concluí que el estilo de Gabriel García Márquez se apega con algunas condiciones al relato de Capote. Por consecuencia, el otro texto de Julio Cortázar embona con la filosofía que caracteriza a Tom Wolfe.

Relato de un Náufrago es una pieza del Nuevo Periodismo en la que se cuenta la historia de un hombre que sobrevive a un naufragio en aguas turbulentas. El genio colombiano lo relata así: “Pero el día era resplandeciente y tibio, y en medio de la claridad, del rumor del viento que empezaba a levantarse, yo me sentía con renovadas fuerzas para esperar” (Márquez, 1970). Lo primero que denota el fragmento es su abundante estilo literario propio de Capote y Wolfe. Con todo, una característica recalcable es la forma en que el americano (Capote) y el colombiano se espejean. Ambos nos sitúan en el contexto y nos dejan caer en medio del frenesí de la información y de ahí no nos mueven (como Wolfe). Los dos se mezclan con los actantes y “purifican” —quizás en un sentido barroco el testimonio para elevarlo al nivel periodístico; Capote y Márquez se hacen uno con los personajes.

Wolfe también se hace uno, pero no con los personajes, sino con el entorno. Lo mismo ocurre con la narrativa de Julio Cortázar. Wolfe cambia de narrador como si nada, de una forma arbitraria y con el afán de entretener —y a veces confundir— al lector. De ejecución similar es La Casa Tomada, un cuento corto que habla sobre un par de hermanos que son desalojados de su casa por fuerzas siniestras. “Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora” (Cortázar, 1946). En la primera oración Julio habla en segunda persona del plural, en la frase siguiente pasa al “Yo”. La narrativa rebota por todos lados como una pelota en una partida de pinball. Wolfe y Cortázar reprueban al narrador estático, son más atrevidos y provocadores con sus lectores. El argentino, 30 años antes de la publicación de El Nuevo Periodismo, ya marcaba la pauta de un estilo vanguardista. 

Las conclusiones que exhiben los “para-periodistas” americanos son vastas. Sus similitudes son evidentes: contraria a la acepción del periodismo informativo, hacen de un hecho un relato, ahora la narrativa—cómo fluye, cómo se cuenta y cómo se habla—, es el punto central de la lectura en detrimento del hecho. Pertenecientes de la misma escuela, comparten el mismo Fondo y se diferencian mediante la Forma de aplicar los conceptos del Nuevo Periodismo.

Truman nos sitúa en el ojo del huracán pero prefiere no alterar el orden natural de las cosas. Capote está ahí con nosotros, contigo, conmigo, con todos y es todos. Tom Wolfe se adentra en el mundo de los personajes por cómo hablan, los objetos que portan y la atmósfera que los rodean;lo que acompaña, define.

Capote construye un universo, conoce y comunica, acción que corresponde al corazón del periodismo. Wolfe es más atrevido, da humor, extiende los límites de las personalidad sin hiperbolizarlas. Capote se gana a la gente, convive, se pone en el nivel de las personas observadas. Wolfe prefiere la perspectiva dentro del palacio de las palabras.

Truman Capote es un amigo, fraterniza y encanta al condado de Holcombal arrastrarnos hacia sus particularidades. Quizás lo de Capote es más noble, más cronológico, más ordenado. Truman se coloca como un miembro más de la familia, el hermano escritor que nunca tuvieron… ¡Truman Clutter!

Wolfe no necesitaba conocer, era intuitivo e incisivo. Es un lobo, caza la primicia, discierne.Wolfe no construye como Capote, por lo contrario, deconstruye bloque por bloque a la estructura de la realidad.  Recoge la entropía y hace del continuum una imagen. Concibe a la realidad como un fenómeno metafísico hipermóvil del cual se desprenden pedacitos de imágenes que finalmente materializa en un collage de caracteres.

Es el enfrentamiento de dos caras de la misma moneda, el entorno por medio del personaje y el personaje por medio del entorno; el proceso inductivo contra el deductivo. ¡Un verdadero escándalo!

En función de lo que escribieron efectivamente dejaron un legado histórico en la narrativa con un ingenio bárbaro. Wolfe y Capote son un punto de inflexión en la diégesis contemporánea. ¡Qué envidia!¡ Y se lo digo yo árbitro, esa jugada es ilegal!

lunes, 24 de abril de 2017

Lío

Quién hubiera dicho que ese chiquitito de Rosario vendría a marcar una época en el fútbol. Ese argentino que tomó la batuta de Ronaldinho en un Barcelona roto y lo llevó a la cima del balompié.  Pues fue de la mano de Messi que el Barça superó la resaca de la era de Rijkjaard y estableció un imperio blaugrana en el viejo continente.

Lionel Andrés Messi.  

Ocho ligas, cuatro Champions y cinco Balones de Oro. Quinientos goles en la Liga Española y 94 en Champions. Messi se ha convertido en el máximo líder de un equipo que marcó y sigue marcando época. Su dupla con Pep Guardiola concluyó con el equipo más dominante de toda la historia, aquel que ganó el sextete.

Lio ha sido la constante en la última década del barcelonismo. Cabezazo en Roma y remate de media distancia en la arena mítica de Wembley  para sentenciar su segunda y tercera Champions. Quebró la cadera de Boateng en una postal de gol que eliminó al Bayern en semifinales de Champions y no olvidar que fue el rebote de su disparo que Luis Suárez empujó para traer el segundo triplete a Catalunya desde Berlín.

En la liga desparramó madrileños contra el Getafe en una jugada maradoniana que ya presagiaba el tipo de futbolista en que se iba a convertir. Conquistó París, Roma, Wembley, Berlín y ahora finiquitó de una vez por todas una justa pendiente (y quizás la más importante) : Madrid.

Ayer Lio se cargó al equipo al hombro y venció al acérrimo rival en su casa. En el episodio más obscuro del Barcelona, luego de ser aplastado por la Juventus a media semana, Messi se paseó por la Casa Blanca en un despliegue apoteósico del fútbol total. Al marcar el tercero dejó su firma en la posteridad luego de su emblemática celebración: si me matan a palos, los mato a goles.

El 10 del Barcelona, en el día de Sant Jordi, regaló una exhibición brutal de pundonor y talento. Los debates de quién es el mejor de la historia acabaron cuando mostró su momento más fino en el escenario más atractivo del fútbol mundial. Messi, de su mano, puso a su equipo de vuelta en la Liga de un año irregular para el Barcelona.

Y es que los adjetivos y adverbios para describir la forma en que enaltece algo tan burdo -como patear un balón- a patrimonio de la humanidad, son paupérrimos en función del lenguaje. Donde no llega el español llega Lío. Si me atrevo, la retórica más fidedigna para describir lo que despierta ver jugar a Messi se encuentra en la voz de Víctor Hugo Morales, el periodista que narró el gol del siglo de Maradona frente a Inglaterra.

Sant Messi,en una corrida memorable de Sergi Roberto, en la jugada de todos los tiempos enmudeció el terreno de juego. Un tres a dos definitivo en el último segundo con una celebración en la que mostró su jersey a la grada. Recuerden el nombre del chiquitito de Rosario, ese que a la pelotita, como esfera perfectamente equidistante, mantiene pura.  Siempre Lío, ta ta ta, de qué planeta habrás venido para que el Santiago Bernabéu sea un puño apretado que grita: ¡Messi Messi!


miércoles, 18 de enero de 2017

La genealogía de la violencia

Qué triste jornada para México.

Desde las páginas de Bernal Díaz del Castillo hasta los encabezados de Reforma y Milenio están plagados con la evidencia periodística de la violencia que vivimos cotidianamente. México, a su próximo bicentenario como nación independiente, sigue formando parte de la camada de países que continúan sin poder resolver sus conflictos de una forma helvética.

Los desmanes de las tropas hidalguenses, hijos incontrolables de la Conspiración de Querétaro avecinaba con gran certeza a la estirpe que nos iba a representar en los próximos dos siglos.
El abrazo de Acatempan representó el artificio con el que se firmó al estilo realpolitik (sangre y hierro) el inicio del México independiente.

Degollamos en el Cerro de las Campanas a un Hapsburgo que sus últimas palabras fueron "¡Viva México!". Tenemos como máximo referente internacional al régimen de Porfirio y el positivismo que cerró las bocas de la prensa y configuró la desigualdad social de nuestro país. Crecimos con las hazañas de Huerta, el Gran Usurpador que asesinó a Madero y Pino Suárez.

 La presidencia mexicana y las balas tienen un idilio fantástico. En un restaurantito capitalino de churros fue ejecutado el presidente electo, Álvaro Obregón. Pascual Ortiz Rubio, apodado el "Nopalito" (por baboso) fue balaceado en su primer día como máximo del ejecutivo. Quizás la que queda más en la memoria reciente fue la del candidato Luis Donaldo Colosio a sangre fría en Tijuana.

El  2 de Octubre tampoco se olvida. Ni la Guerra contra el Narcotráfico de Calderón ni los 43 desaparecidos.

Esta semana tuvimos la tragedia del Colegio Americano del Noreste en Monterrey , las quimioterapias "falsas" durante el mandato de Duarte  y otra balacera en el antro Blue Parrot de Playa del Carmen. 

Los tres últimos eventos me pesan en el alma y orgullo porque amo a mi país. 
Por nuestra turbia historia tenemos los delirios de narcos en la juventud y un fútbol tan violento. Por eso vemos y compartimos negligentemente las imágenes morbosas del tiroteo en el Colegio Americano.  Y no hay profesión alguna que se salve: músicos, periodistas, políticos, infantes, juniors, etc... todos están a la merced de una ruleta rusa popular.

El atentado en Monterrey fue aquello que me hizo estallar. Esto pasaba en Estados Unidos, pero en México no. Ahora ya llegamos a una nueva frontera y por todas las razones equivocadas estamos en todos los periódicos del mundo.

Las quimioterapias falsas representan una violencia aún más cruel  que cualquier homicidio enlistado. ¿Qué tan institucionalizada y desinhibida debe de estar la violencia para tolerar esta impunidad? ¿Qué tan quebrado debe de estar un estado con semejante genealogía de la violencia?

Que este linaje, por más pasajero que sea, no nos haga perder la sensibilidad. Verde, blanco, y ahora más que nunca el rojo, tiñen de forma siniestra a nuestra bandera nacional.