Todas las cumbres históricas de la literatura
corresponden a una fluctuación sabia y puntual de las demandas del hombre. Los
estilos van y vienen de un modo muy utilitario: cuando ya no sirven, se
desechan.La palabra escrita siempre ha funcionado como un camaleón que se
adapta a las circunstancias del entorno cambiante. El Nuevo Periodismo, hecho
famoso por Truman Capote y teorizado por Tom Wolfe, no es una excepción.
La narrativa periodística era opaca durante
un tiempo en que la novela batallaba por mantenerse vigente. Aquí entraron los
dos bomberos americanos que juntos ejecutaron una revolución secreta. De los
confines de las oficinas de redacción más ordinarias, un grupo de periodistas
comenzó a abrazar la técnica decadente del novelista y la transformó en una
propia e innovadora técnica para contar los hechos en los diarios. Las críticas
imperaron en un principio, no obstante, el Nuevo Periodismo salió avante y fue
eventualmente bautizado como una corriente insurgente.
La presente argumentación busca unir y
contrastar las técnicas de Capote y Wolfe en función de la observación directa
que desempeñaban en sus obras A Sangre
Fría y El Nuevo Periodismo.
La observación directa resulta difícil de
explicar sin caer en la redundancia. Corresponde a cómo un escritor recolecta
información mediante el rapport presencial y directo con el dueño de ella, es
decir, a través de la palabra o los sentidos. Si bien, este principio establece
una relación directa o implícita con el actante, hay muchos modelos disponibles
para abordar la observación.
Uno de los primeros indicadores que deja
entrever la forma de observar es el tipo de narrador, puesto que la diégesis
que se escoge alerta al lector sobre cómo se debe de percibir la historia.
Truman Capote utiliza en su libro un narrador en tercera persona omnisciente,
una voz que lo sabe todo y que cuenta cronológicamente los sucesos ocurridos a
la familia Clutter.
“El señor Clutter dio a Babe
el corazón de su manzana y saludó al hombre que estaba limpiando el corral...
Alfred Stoecklein, el único empleado que vivía en la finca. Los Stoecklein y
sus tres hijos vivían en una casita que estaba a menos de cien metros de la
casa principal; aparte de ellos, los Clutter no tenían vecinos a menos de un
kilómetro de distancia” (Capote, 1966).
Por su parte, Tom Wolfe tiene una perspectiva más abierta
y lúdica para escogerlo:
“Me gustó la idea de
arrancar un artículo haciendo que el lector, a través del narrador, hablase con
los personajes, se insolentase con ellos, les insultase, les hostigase con
ironía o superioridad, o lo que fuera. ¿Por qué pretender que el lector se
quede tumbado y deje que los personajes vayan llegando de uno en uno? […] A
veces me metía yo en el artículo y jugaba conmigo mismo. Podía convertirme en
«el hombre del Borsalino marrón», un enorme y algo policial sombrero italiano
que usaba entonces, o «el hombre de la corbata Big Lunch». Escribía sobre mí en
tercera persona, por lo general como si fuera un espectador perplejo o alguien
que pasa por la calle, lo que era con frecuencia el caso”(Wolfe, 1976).
Es un contraste bastante amplio de dos
narrativas dentro del mismo género. Hay matices comunes como el estilo
literario, la descripción escena por escena y la certeza de que cualquier
persona, sin importar su clase social puede ser el actante principal de una
historia.
Ahora bien, es digno de observar el contraste
que tienen ambos autores. Wolfe se mimetiza en cualquier persona, como un
narrador protagonista, sin embargo, no duda en cambiar de narrador cuando el
momento lo amerita. Capote también se logra fundir con sus actantes, sin
embargo, él se relaciona con actantes secundarios (ciudadanos de Holcomb) para
reconstruir las vidas y personalidad de la familia Clutter. Capote mantiene una
posición estoica durante toda la novela en un plano ulterior y fijo pero rico
en información por la observación directa que recopila de los habitantes.
La elección del tipo de narrador es un buen
indicador de las observaciones directas, sin embargo, hay otro rubro que se
debe evaluar, el cual es la propia metodología o forma en la que el autor
observa a sus actantes.
Una anotación adicional sobre Capote es esa
capacidad de evocar voces externas que surgen por la cercanía a tantas personas
que conocieron a la familia asesinada.“Con respecto a su familia, Clutter sólo
tenía un motivo de preocupación; la salud de su mujer. Era «nerviosa», tenía
sus «rachas»; ésos eran los términos en que la describían quienes la querían”
(Capote, 1966). Aquí Truman traslada las observaciones de los ciudadanos sobre
aquellos que son sus actantes principales. A través de la voz de los habitantes,
Capote logra un ejercicio intralingüístico en el que construye un universo más
complejo y rico para el lector. Capote observa a los que observaron, a su vez,
Wolfe observa directamente a los protagonistas.
A continuación, utilizaré como recurso a
otros dos prolíficos narradores para poder establecer una dicotomía precisa
sobre los estilos de observación. A través del análisis concluí que el estilo
de Gabriel García Márquez se apega con algunas condiciones al relato de Capote.
Por consecuencia, el otro texto de Julio Cortázar embona con la filosofía que
caracteriza a Tom Wolfe.
Relato
de un Náufrago es una pieza del Nuevo
Periodismo en la que se cuenta la historia de un hombre que sobrevive a un
naufragio en aguas turbulentas. El genio colombiano lo relata así: “Pero el día
era resplandeciente y tibio, y en medio de la claridad, del rumor del viento
que empezaba a levantarse, yo me sentía con renovadas fuerzas para esperar” (Márquez, 1970). Lo primero que denota el fragmento es su
abundante estilo literario propio de Capote y Wolfe. Con todo, una
característica recalcable es la forma en que el americano (Capote) y el
colombiano se espejean. Ambos nos sitúan en el contexto y nos dejan caer en
medio del frenesí de la información y de ahí no nos mueven (como Wolfe). Los
dos se mezclan con los actantes y “purifican” —quizás en un sentido barroco— el testimonio para elevarlo al nivel periodístico;
Capote y Márquez se hacen uno con los personajes.
Wolfe también se hace uno, pero no con los
personajes, sino con el entorno. Lo mismo ocurre con la narrativa de Julio
Cortázar. Wolfe cambia de narrador como si nada, de una forma arbitraria y con
el afán de entretener —y a veces confundir— al lector. De ejecución similar es La Casa Tomada, un cuento corto que
habla sobre un par de hermanos que son desalojados de su casa por fuerzas
siniestras. “Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el
armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora” (Cortázar, 1946). En la primera
oración Julio habla en segunda persona del plural, en la frase siguiente pasa
al “Yo”. La narrativa rebota por todos lados como una pelota en una partida de pinball. Wolfe y Cortázar reprueban al
narrador estático, son más atrevidos y provocadores con sus lectores. El
argentino, 30 años antes de la publicación de El Nuevo Periodismo, ya marcaba la pauta de un estilo
vanguardista.
Las conclusiones que exhiben los “para-periodistas”
americanos son vastas. Sus similitudes son evidentes: contraria a la acepción
del periodismo informativo, hacen de un hecho un relato, ahora la narrativa—cómo
fluye, cómo se cuenta y cómo se habla—, es el punto central de la lectura en
detrimento del hecho. Pertenecientes de la misma escuela, comparten el mismo
Fondo y se diferencian mediante la Forma de aplicar los conceptos del Nuevo
Periodismo.
Truman nos sitúa en el ojo del huracán pero prefiere no
alterar el orden natural de las cosas. Capote está ahí con nosotros, contigo,
conmigo, con todos y es todos. Tom Wolfe se adentra en el mundo de los
personajes por cómo hablan, los objetos que portan y la atmósfera que los rodean;lo
que acompaña, define.
Capote construye
un universo, conoce y comunica, acción que corresponde al corazón del
periodismo. Wolfe es más atrevido, da humor, extiende los límites de las
personalidad sin hiperbolizarlas. Capote se gana a la gente, convive, se pone
en el nivel de las personas observadas. Wolfe prefiere la perspectiva dentro del
palacio de las palabras.
Truman Capote es un amigo, fraterniza y encanta al
condado de Holcombal arrastrarnos hacia sus particularidades. Quizás lo de
Capote es más noble, más cronológico, más ordenado. Truman se coloca como un
miembro más de la familia, el hermano escritor que nunca tuvieron… ¡Truman
Clutter!
Wolfe no necesitaba conocer, era intuitivo e incisivo. Es
un lobo, caza la primicia, discierne.Wolfe no construye como Capote, por lo
contrario, deconstruye bloque por
bloque a la estructura de la realidad.
Recoge la entropía y hace del continuum una imagen. Concibe a la
realidad como un fenómeno metafísico hipermóvil del cual se desprenden
pedacitos de imágenes que finalmente materializa en un collage de caracteres.
Es el enfrentamiento de dos caras de la misma moneda, el
entorno por medio del personaje y el personaje por medio del entorno; el
proceso inductivo contra el deductivo. ¡Un verdadero escándalo!
En función de lo que escribieron efectivamente dejaron un
legado histórico en la narrativa con un ingenio bárbaro. Wolfe y Capote son un
punto de inflexión en la diégesis contemporánea. ¡Qué envidia!¡ Y se lo digo yo
árbitro, esa jugada es ilegal!