viernes, 23 de junio de 2017

Ficha técnica del populismo


Es una era de populismos, un término que parece estar en la boca de todos. Un calificativo cliché que se usa permisivamente para cualquier político que rompe con el status quo. El populismo- que es un recurso político y no una ideología-, se ha convertido en el epíteto peyorativo hacia el discurso del que busca la gratitud de la clases populares.

Ewald Engelen señala audazmente que la política moderna ha desplazado la lucha izquierda vs derecha por globalistas vs nacionalistas. Ahora la pugna es del pluralismo, fronteras libres y derechos sociales contra el hermetismo, el conservadurismo y la repatriación de los bienes. Bien afirma el académico holandés que el populismo no es un concepto nuevo, y que ahora con el paso del tiempo, ha reencarnado su fama.  

Con este término se le designa a Trump, Maduro, Le Pen y a López Obrador. Es tan polivalente que se pueden encontrar recursos populistas tanto en el fascismo de los 40s como en el stalinismo, el neoperonismo (kirchnerismo) y el gobierno de Kim Jong Un. Dos conclusiones se extienden de lo anterior: (1) el populismo no tiene una afiliación exclusiva en el espectro político y (2) su connotación siempre tiene un estigma negativo.

El líder populista es bien recibido por ciertas masas. Tiene carisma y es querido y venerado por sus seguidores. El jefe populista en muchas veces no se considera un político, pues se deslinda de esta estirpe al considerarse un ser que pertenece al pueblo, el cual  trasciende el sistema ético y los intereses propios de un personaje político. El populista alimenta a un público crédulo con una retórica de unidad, propuestas demagógicas y manipulación de las acciones de la contraparte para crear una narrativa de "ellos contra nosotros". No en vano el discurso siempre hace alusión a la restauración como el famoso Make America Great Again, o inclusive, nos remite a las propuestas bolivarianas de Morales, Correa y Chávez. 

El populismo ha probado también que es una mano ganadora, no por nada se utiliza. Los populistas hablan sin bozal y abandonan la rectitud del diálogo político. Son sinvergüenzas, oportunistas, líderes acobijados con justificaciones ilimitadas; oportunistas que se adhieren a cualquier coyuntura. 

La doxa periodística le ha puesto una gran cruz al concepto, pero no hay duda en las riquezas que porta su cauce para sus contratistas. Son los salvadores panteístas que intuyen las aflicciones de su pueblo: uno de casa, uno de ellos... Ahora el que quiera ir a la tienda a comprar un líder para el ejecutivo se dará cuenta que los políticos de fábrica están en escasa demanda. 

Imagínense a los habitantes de Sajonía- a sus príncipes y a su proletariado- cuando escucharon el destino que Lutero selló con los martillazos de las 95 Tesis en la Schlosskirche de Wittenberg. Esa legitimidad y lujuria es lo que el populismo representa al padrón electoral. Vino un líder con la revelación de una relación directa, con promesas, con la recuperación del paraíso perdido. Un nuevo credo de gran movilización sin intermediarios y sin la mano negra de las instituciones. Un dogma que sólo se basa en la certeza de lo que se espera, en la convicción de lo que no se ve. Una confianza incondicional, una fe inquebrantable que triunfó, y que para muchos en su tiempo (e inclusive actualmente), es falaz, espuria, ilegítima...

(Crédito de imagen: mushonastick)





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